No hace falta adoctrinar, ¡estúpidos!
Después de 40 años algunos "Ciudadanos" descubren que hay adoctrinamiento en los colegios, y ahora, estos mismos, tardarán otros 40 años para descubrir que el problema son los dialectos tribales.
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21/10/2017 — Isabel González tiene 22 años, es una joven brillante de Bilbao y según su foto de perfil es muy guapa, nada que ver con las «peluas» vascas radicales, esas hembras primarias de corte de pelo hacha que parecen salidas de la cueva para dar una rueda de prensa proetarra. No, Isabel no es de esas, es como la mayoría de chicas silenciosas del País Vasco que no hacen ruido y por tanto no salen en la TV, ella estudia y según me dijo está terminando magisterio.
Nuestras vidas se cruzaron virtualmente cuando me recriminó en Twitter, muy educadamente, que no estaba bien que atacara su lengua, el esukera, llamándola «vascoño». Y añadió: «aunque yo no lo hablo, el euskera es mi lengua y es la lengua de la tierra donde he nacido».
Por mi parte, le aclaré que no tengo ningún problema con el vasco, es el vasco en todo caso el que tiene un problema con el español ya que impide que cualquier ciudadano de España pueda trabajar o estudiar en Vascongadas.
Ahí terminó nuestra breve conversación. Eso ocurrió antes del verano y a menudo me acuerdo de una de las frases que me dijo Isabel: «aunque yo no lo hablo, el euskera es mi lengua y es la lengua de la tierra donde he nacido». Efectivamente, Isabel es una chica educada, culta y desde luego nada radical, lo que ocurre es que desde su más tierna infancia en el colegio le enseñaron que el euskera es su lengua y que el «trapo rojiverde» es su bandera. Isabel fue creciendo y estudiando toda la cultura de su "país": los ríos, las montañas, los bailes, la gastronomía, la identidad vasca, etc.
A Isabel la «programaron» con el rollito nacionalista, como a todos los niños, y le hicieron sentirse importante dentro del grupo, un detalle esencial sociológicamente para fidelizar a los adoctrinados. Entonces, después de 22 años, que es toda su vida, ¿cómo le vas a explicar a Isabel que su país es España, su idioma el español y su bandera el «trapo rojigualda?». Por lo tanto, no hace falta adoctrinar, ¡estúpidos!, basta con que impongáis un dialecto distinto del resto del grupo, aunque sea inventado, y conseguiréis crear un ejército de borregos amaestrados con denominación de origen.
Después de cuarenta años —véase ahora Ciudadanos— muchos han descubierto alarmados que la sociedad civil de Masby siempre hemos denunciado, el adoctrinamiento en Cataluña. Ahora esos mismos «descubridores» del adoctrinamiento tardarán otros cuarenta años en entender que con un dialecto tribal no hace falta adoctrinar, tan sólo es cuestión de esperar unas cuantas generaciones para que todos esos jóvenes educados con la inmersión lingüística vean todo lo español como signos colonizadores. Y entonces ya será tarde, ¡estúpidos!
Así lo pienso y así lo digo — Juan Vte. Santacreu
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Análisis sobre la libertad de ser español en el país vasco
El artículo «No hace falta adoctrinar, ¡estúpidos!» trata un tema controvertido y delicado: el nacionalismo lingüístico y cultural en el País Vasco y su relación con la identidad española. Voy a hacer una valoración política de los puntos principales del mensaje que intenta transmitir este artículo sobre la libertad lingüística en España.
El mensaje del artículo es una crítica al uso del euskera y, por extensión, de otros dialectos cooficiales, como herramienta de construcción identitaria y diferenciación respecto a la identidad española. Políticamente, este argumento se inscribe en un discurso centralista y antinacionalista periférico, común en sectores que defienden la unidad de España y ven con preocupación las políticas de inmersión lingüística en territorios como el País Vasco, Cataluña, Valencia, Baleares y Galicia.
El artículo se centra en el efecto sociológico del uso de las lenguas como símbolos identitarios. Señala cómo la imposición de un dialecto o lengua puede moldear las creencias y lealtades de una sociedad a lo largo de generaciones.
El tono con términos como «dialecto tribal», «programaron» o «borregos amaestrados» puede cabrear a los que se sienten culturalmente identificados con el euskera. Esto hace que el mensaje, aunque tenga un fondo argumentativo válido, pierda fuerza en una audiencia moderada o contraria.
El artículo describe perfectamente a Isabel como un ejemplo de cómo se «adoctrina» a la juventud desde la infancia en el País Vasco, mediante la exaltación del euskera y los símbolos regionales. Aquí el argumento puede tener eco en sectores políticos que denuncian la instrumentalización educativa con fines nacionalistas, pero también puede ser interpretado como un ataque a la identidad cultural vasca.
La idea de que las políticas educativas influyen en la construcción de la identidad colectiva tiene base sociológica y es un argumento válido en el debate político sobre la educación en España. No obstante, presentar toda identificación con la cultura vasca como «adoctrinamiento» puede invisibilizar la convivencia natural entre las identidades vasca y española que existe en cierta parte de la sociedad.
Políticamente, el lenguaje empleado en el título «No hace falta adoctrinar, ¡estúpidos!» puede situar el discurso más radical, esto provoca una reacción polarizada. Expresiones como «hembras primarias», «salidas de la cueva», «trapo rojiverde» y «trapo rojigualda» introducen una carga despectiva que aleja el debate de un tono constructivo y crítico. Este estilo tiene un claro componente de provocación que puede resultar efectivo en ciertos círculos que comparten esta visión, pero problemático si busca ampliar la audiencia.
Por otra parte, el tono directo y provocador puede empatizar con lectores afines, movilizándolos emocionalmente. Sin embargo, cierra la puerta a un debate más racional o a convencer a sectores que puedan simpatizar con tu crítica, pero que rechacen el estilo ofensivo.
Aunque no hay una propuesta explícita, el artículo sugiere que es necesario revertir o neutralizar las políticas lingüísticas y educativas que, a su juicio, fomentan el separatismo en territorios como el País Vasco, Baleares, Galicia. Valencia y Cataluña. Esto vincula con discursos políticos de partidos como Vox o sectores minoritarios del PP, que abogan por una recentralización educativa y el refuerzo del español como lengua común.
La denuncia del «adoctrinamiento» es un tema que preocupa a muchos sectores de la sociedad española y tiene un calado político real. Pero no estaría de más una propuesta concreta sobre cómo afrontar el problema que plantea: ¿prohibir las políticas de inmersión lingüística?, ¿reformar la educación autonómica?, ¿promover una convivencia equilibrada de ambas lenguas?
En resumen, el mensaje transmite una crítica política contundente hacia las políticas nacionalistas en materia educativa y lingüística, con un estilo directo y provocador. Tiene una base argumentativa válida, especialmente en lo referente a cómo las lenguas pueden ser instrumentalizadas para construir identidades diferenciadas, pero el uso de un tono contundente y polarizante limita su capacidad de persuasión. Políticamente, este discurso agrada a los sectores centralistas y antinacionalistas, pero puede ser percibido como excesivamente agresivo o irrespetuoso hacia la cultura vasca por sectores moderados.
Si el objetivo es movilizar a quienes ya comparten esta visión, el artículo cumple su función. Sin embargo, si busca ampliar el mensaje a una audiencia más diversa o generar un debate más constructivo, debería suavizar el lenguaje, evitar calificativos duros y plantear soluciones concretas al problema que denuncias.
Solo el tiempo dirá si el artículo es duro o debería ser más contundente. ― José Antonio Rivas
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Esta es la educación que reciben los jóvenes en el colegio ― La manipulación política en la educación escolar ocurre cuando se utilizan los contenidos educativos para inculcar ideologías, distorsionar la historia o reforzar identidades específicas. Esta práctica busca moldear la percepción de los estudiantes, influyendo en sus valores y lealtades futuras, en lugar de fomentar el pensamiento crítico y plural.
1708 ― A lo largo de los siglos, la lengua española ha sido un elemento fundamental para la cohesión social y el fortalecimiento de la identidad nacional.
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